Llego tarde, muy tarde. Estuve hasta que amaneció estudiando. Va, te lo sabes, claro que te lo sabes. No bajes el ritmo, coge el atajo. Por una vez que me duermo y tengo este examen...

No te distraigas, el atajo. El reloj, faltan dos minutos, no tengo tiempo, pero corre. Toda esta calle recta, ya. Ahora a la izquierda, a ver, repasa, mierda, no puedo pararme a coger los apuntes.

El móvil, sí, sí, lo sé, sí, hasta demasiado tarde, sí, estoy llegando, ¿Eso salía? Ah, sí, claro, venga, hasta ahora. Quedan treinta segundos, a la derecha, cien metros y llego. Hago un "sprint". Esquivo a todo el que me encuentro, estoy demasiado cansada, los pies me duelen. Sobre todo el derecho. Cruzo el pasillo, mientras corro apago el móvil, no quiero distracciones; saco una hoja e intento repasar, aunque debo mirar al frente. Al lado de la puerta veo al profesor, no lo he conseguido, rompo a llorar. La pierna me falla y caigo al suelo. En ese momento oigo a alguien alejarse. Me dicen que entre, todavía no ha pasado lista, va a buscar los exámenes.

Con más alegría que nunca entro y me pongo a repasar para el examen, igual que todos. Qué nervios, qué estrés, prometo no volverme a dormir. El pie me arde. Disimuladamente me quito el zapato, una piedra. Qué situación tan molesta por una piedra en el mísero zapato.