Había una vez una familia muy pobre en las afueras de un pequeño pueblo. Vivían un hombre y una mujer y sus dos hijos. Uno tenía ocho años y otro diez. Eran unos grandes aficionados al deporte, pero no tienen dinero ni para comprarse una pelota.
Un día iban por la calle los dos hermanos y vieron a unos niños jugando al fútbol y les preguntaron si podían jugar. Les dijeron que no, que se compraran su pelota. Los dos muy tristes se Mimarcharon, llegaron a un bosque y se sentaron. El hermano menor vio una cosa redonda que brillaba al lado de un árbol. Fueron corriendo a ver qué era y resultaba ser una pelota muy rara. La cogieron y empezaron a jugar al fútbol. Estaban muy contentos de lo que se habían encontrado. Se pusieron a descansar un rato, y se fueron a casa, con la pelota.
Al día siguiente se levantaron y dijeron que les apetecía jugar a baloncesto pero ellos tenían una pelota de futbol. Fueron a coger la pelota y resultaba ser de baloncesto. Ellos sorprendidos se fueron muy contentos a jugar. Pasó un rato y llegó un niño y les dijo si podía jugar. Los hermanos como no les gustaba que no les dejaran jugar a ellos sí que le dejaron jugar.
Cada día que se levantaban y les apetecía jugar a un deporte la pelota se convertía en cualquier objeto para que jugaran.

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